Nos acabábamos de instalar en Madrid, en un piso de 130 m2 en el barrio de Salamanca pero añorábamos el sol del Mediterráneo, de donde somos. Por eso nos encajó la idea de introducir espacios más amplios y menos compartimentados para dar luz a la vivienda.

Con la reforma ganamos mucha amplitud y generosidad en los diferentes espacios, ya que la vivienda estaba muy fragmentada. Además de este baño de luz en las estancias, también quisimos organizar los distintos usos, desde lo más abierto-público a lo más cerrado-privado. Así la terraza se conectó con el salón en un espacio a doble altura. La cocina la dejamos abierta formando parte del salón comedor y escondiendo, a su vez, el baño de cortesía y el dormitorio. También nos gustó que en este recorrido por los distintos espacios hubiera una estantería a medida, que respetara los huecos para poder aprovechar al máximo el espacio de almacenamiento de nuestros libros, ya que para nosotros era primordial que la biblioteca tuviera un lugar destacado en la casa.

Por último, la planta superior la abrimos completamente para dar mayor amplitud y ubicar un vestidor, un estudio y un baño principal.

Entre los materiales nobles que utilizamos predominan el campaspero, el roble y el mármol.

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